jueves, diciembre 08, 2005

Rojo, naranja y amarillo

La del PT con PRD era un alianza que se veía venir, pero la de Convergencia fue de último minuto: antes habían coqueteado con todos. El 10 de diciembre tomarán el Zócalo con AMLO.

Por David Santa Cruz

Mientras que otros rechazaron a los partidos minoritarios, el PRD priorizó su política de alianzas, e hizo lo posible por consolidar un acuerdo electoral para 2006, principalmente con los partidos del Trabajo y Convergencia, con quienes el próximo 10 de diciembre planea realizar un mitin multitudinario en el Zócalo de la Ciudad de México, tras lo cual partirán a las oficinas del Instituto Federal Electoral para oficializar el convenio.

Por encima de los cálculos electorales y sin tomar en cuenta las experiencias pasadas (en 2000 repartieron sus prerrogativas con sus aliados), el Partido de la Revolución Democrática valoró el impacto mediático y el mensaje político que enviaba el hecho de cubrir con otros partidos la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

“Para nosotros es muy importante el acuerdo, porque somos el primer partido que consolidó una alianza, una coalición electoral, que va a dar un mensaje de confianza hacia la ciudadanía, que el que tiene realmente posibilidades de ganar es Andrés Manuel”, asegura el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña.

Otro de los mensajes que de acuerdo con el vocero del partido del sol azteca se pretende enviar, es que Felipe Calderón se queda aislado y sin apoyos, ya que es casi seguro que el Partido Verde Ecologista se coaligue con Revolucionario Institucional, con quienes viene trabajando desde el inicio del sexenio. “Aunque se trata de vender [Calderón] como un candidato sólido y confiable, se manda la señal de que está claro que no lo es para los partidos políticos con registro”, asegura Gerardo Fernández.

24 horas y tres meses

El primero en manifestar su intención de aliarse con el PRD fue el Partido del Trabajo, que en su momento apoyó la candidatura del líder moral del partido del Sol Azteca Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Dicho apoyo permitió al PT mejorar su techo de negociación, mientras que el ingeniero fortaleció su presencia al interior del partido.

El 20 de agosto del 2005, durante el sexto congreso nacional del PT, el dirigente nacional de este instituto político, Alberto Anaya, le levantó la mano a Cárdenas en señal de triunfo. A su lado se encontraba el presidente nacional del PRD Leonel Cota. Días después iniciaron las pláticas entre ambas fuerzas electorales, realizadas en el hotel Sheraton María Isabel de la Ciudad de México. A partir de ese momento, se les vio a ambas dirigencias reunirse en ocasiones hasta cuatro veces por semana en el restaurante La Mansión, de la Zona Rosa, y en el Hotel Meliá del Distrito Federal.

Los petistas aseguran, en tono coloquial, que las negociaciones duraron 24 horas y tres meses. La ironía toma sentido cuando explican que la mayoría de las más de 50 reuniones que sostuvieron para concretar la alianza completaron las 24 horas. Pero, sobre todo, porque eso fue lo que duró la última de las pláticas, donde se concretó finalmente el acuerdo.

Duplicarían su bancada

Un mes después de iniciadas las mesas, el 21 de septiembre, uno de los miembros del consejo directivo del PT, José Narro, fue entrevistado por CAMBIO acerca de los avances de la alianza, a lo que respondió: “Hay resistencias, el PRD ha estado planteando un poco buscando condicionar las reuniones con nosotros o los acuerdos con nosotros a partir que definamos que vamos con Andrés Manuel López Obrador; nosotros no vamos a definir ese punto, yo creo que el tema de la candidatura es lo último que debemos hacer y nosotros aspiramos y ya lo comenzamos a hacer a construir acuerdos bilaterales, y ya a partir de ahí construir el frente amplio”.

En esa entrevista realizada a las afueras del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, el ex diputado federal criticó la postura hegemónica y paternalista de los perredistas, quienes, según contó, llegaron con la actitud de repartir espacios e imponer condiciones, en lo que consideró una falta de respeto.

Una vez salvado este escollo, se instalaron cuatro mesas para la configuración del acuerdo. La primera, discutió al programa de gobierno y la plataforma electoral; otra redactó los documentos básicos; una más fijó los términos del convenio, y la cuarta coordinó los procesos coaligados en las entidades federativas.

Los esfuerzos fructificaron el jueves 24 de noviembre, cuando en la casa de campaña de Andrés Manuel López Obrador, se anunció la esperada alianza, ésta le asegura al partido de origen maoísta, duplicar su bancada en las dos cámaras con 13 diputaciones y dos senadurías, más una extra, en la denominada franja de riesgo (plurinominales que podrían quedar fuera).

De última hora

Luego de coquetear durante meses con el ex canciller, Jorge G. Castañeda; el empresario Víctor González Torres (Dr. Simi); el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Juan Ramón de la Fuente y hasta con el Partido de Acción Nacional, Convergencia resolvió en dos semanas apoyar a Andrés Manuel López Obrador en su camino a la Presidencia.

Dicha premura al parecer impidió que se negociaran ampliamente los espacios, y aunque se hablaba de al menos dos senadurías –la de Dante Delgado en Veracruz y la de Gabino Cué en Oaxaca–, durante la presentación del convenio los dirigentes del partido negaron dichas versiones.

En su discurso del martes 28 de noviembre, el dirigente de Convergencia, Dante Delgado Rannauro, dijo: “Hemos trabajado para un proyecto de nación de centro-izquierda, un proyecto que permita que las aspiraciones de la sociedad se vean reflejadas en un gobierno comprometido con los grupos vulnerables del país”, además negó haber negociado posición alguna.

Esto último fue corroborado por el propio López Obrador: “Si se hubiese puesto por delante la negociación por espacios políticos, otros partidos hubiesen ofrecido más a Convergencia, pero los dirigentes de este partido consideraron que lo más importante es el proyecto de Nación”.

Concretada la alianza partidista, el siguiente paso del PRD es allegarse la mayor cantidad de aliados dentro de las organizaciones civiles, que les permita construir una mayoría en el Congreso de la Unión. Todo para que a López Obrador, en caso de que llegue a Los Pinos, no le pase lo mismo que a Vicente Fox, que no pudo cuajar sus reformas.