¿Es ciencia? ¿es arte? Es interesante, sin duda. Los 22 cuerpos humanos plastificados que se exhiben en Polanco podrían cambiar su percepción de sí mismo.
Por David Santa Cruz
El ambiente a media luz de lo que fuese el cine Polanco, ahora convertido en galería, abriga sospechas de haber sido timado. Los cuerpos de los que todo mundo habla parecen figuras de plástico. Sin embargo, al acercarse a los especimenes, se advierte que alguna vez tuvieron vida.
La incredulidad se torna asombro. Conforme se avanza por los pasillos tenuemente iluminados, las disecciones se vuelven más complejas: pasan de los simples músculos a las entrañas mismas. Sería explicable una temblorina de corvas, o un retortijón de estómago, ante la visión de esos seres plastificados que algo tienen de macabro.
Los comentarios se vuelven rumor, la gente se nota maravillada. Alguno extiende la mano, como queriendo tocar, pero se arrepiente. De repente se escucha un grito: “¡Se acabó, es una mierda!”. La gente, azorada, voltea a ver a una chica aventando al piso la cajetilla de cigarros: “¡No quiero terminar así!” exclama, señalando el cadáver que exhibe unos pulmones renegridos como carbón, con el letrero de: “Fumado”. Se hace un silencio incómodo, porque en verdad la visión es sobrecogedora.
Capa bajo capa
La técnica que permite conservar de esa manera los tejidos es a base de silicón y está patentada por una empresa norteamericana, mientras que las disecciones han sido elaboradas en China, donde se encuentran los mejores especialistas en la materia. Si quedan dudas basta ver los trabajos que realizaron en estos 22 ejemplares que llegaron a México y entre los que se encuentra un sistema circulatorio intacto, para lo cual se requirieron cerca de cinco mil horas de trabajo, sin contar el proceso de conservación, que dura dos meses.
El doctor Roy Glover, director médico de la misma, platica en exclusiva con CAMBIO. Comienza por asegurar que todos los cuerpos han sido obtenidos de manera legal y que durante el montaje han sido tratados de manera respetuosa, pues en esta ocasión el cuerpo es la estrella.
—Lo primero que me pregunté al ver esta exhibición fue, ¿es arte o es ciencia?
—La ciencia es un arte para quien lo mira detenidamente. Nosotros montamos esta exhibición con fines educativos y científicos. La gente cree que el cuerpo es hermoso y han dicho entonces que es algo artístico. Yo estoy de acuerdo con ellos, pero definitivamente no era ése nuestro objetivo.
—¿Hace cuanto que se diseño esta técnica?
—Esta técnica está disponible desde finales de la década de los setenta, pero es mejor ahora de lo que era entonces; ahora se puede hacer más con ella, y los especimenes pueden ser trabajados de una mejor manera.
–Entonces es relativamente nuevo.
–Si así es, hasta el momento sólo ha sido usada para la educación publica, durante los últimos 15 o 20 años, y sólo en escuelas públicas de los Estados Unidos. Ahora la tecnología está disponible, nosotros podemos preparar cuerpos para que la gente los estudie, y tenemos empresas dispuestas a invertir dinero para brindarle al público esta oportunidad de conocer el cuerpo humano. De que la gente se dé cuenta de lo maravilloso que es estar vivo, de que pueden aprender de su propio cuerpo y darse cuenta de lo que hay bajo su piel.
Milagro cotidiano
—¿Cuál es su concepción del cuerpo?
—Creo que es magnífico, nadie podría diseñar un cuerpo como el que tenemos. En lo personal tengo una relación profunda y espiritual con el cuerpo, pero eso es algo muy personal, que quizá no toda la gente puede tener. Entre más estudiamos el cuerpo, resulta más impresionante. Lo único que hemos descubierto es que todavía faltan muchas cosas por aprender.
—A principios del este siglo XXI ¿cree que la gente sabe lo suficiente acerca de su cuerpo?
—No, creo que conocemos muy poco acerca de nuestro cuerpo, la gente conoce sólo por lo que lee y muchas veces lo que lee es equivocado. Cuando veo que alguien escribe algo sobre el cuerpo en los periódicos o en las revistas no especializadas, me doy cuenta que por lo regular escriben cosas equivocadas, o bien que resultan demasiado confusas.
—¿Este tipo de exhibiciones pueden ayudar a la gente a tener en cuenta que deben cuidar mejor su cuerpo?
—Sí, porque yo creo que la posesión más valiosa que tenemos es nuestro propio cuerpo. Mucha gente gasta mucho tiempo lavando su carro, pero no le dedican el mismo tiempo a cuidar a su cuerpo, porque creen que es para siempre y que si se enferma ahí están los médicos para hacerse cargo y arreglarlo.
“Y eso es un error, los médicos no son Dios, hay cosas que los doctores no pueden arreglar. Sabemos que hay una gran cantidad de enfermedades que no podemos curar, por eso es mejor prevenir que suceda.
En los Estados Unidos los servicios de salud son realmente caros, un seguro de gastos médicos es en verdad caro. Esto ha sucedido porque mucha gente se enferma y esto eleva los costos. Un ejemplo: alguien que fuma, con toda certeza enfermará y terminará en un hospital y sale muy caro tratarse todos los problemas que ocasiona el cigarro, y tú y yo tendremos que pagar con nuestros impuestos su tratamiento. Sería mucho mejor si no tuviéramos que pagar por ello.”
Por David Santa Cruz
El ambiente a media luz de lo que fuese el cine Polanco, ahora convertido en galería, abriga sospechas de haber sido timado. Los cuerpos de los que todo mundo habla parecen figuras de plástico. Sin embargo, al acercarse a los especimenes, se advierte que alguna vez tuvieron vida.
La incredulidad se torna asombro. Conforme se avanza por los pasillos tenuemente iluminados, las disecciones se vuelven más complejas: pasan de los simples músculos a las entrañas mismas. Sería explicable una temblorina de corvas, o un retortijón de estómago, ante la visión de esos seres plastificados que algo tienen de macabro.
Los comentarios se vuelven rumor, la gente se nota maravillada. Alguno extiende la mano, como queriendo tocar, pero se arrepiente. De repente se escucha un grito: “¡Se acabó, es una mierda!”. La gente, azorada, voltea a ver a una chica aventando al piso la cajetilla de cigarros: “¡No quiero terminar así!” exclama, señalando el cadáver que exhibe unos pulmones renegridos como carbón, con el letrero de: “Fumado”. Se hace un silencio incómodo, porque en verdad la visión es sobrecogedora.
Capa bajo capa
La técnica que permite conservar de esa manera los tejidos es a base de silicón y está patentada por una empresa norteamericana, mientras que las disecciones han sido elaboradas en China, donde se encuentran los mejores especialistas en la materia. Si quedan dudas basta ver los trabajos que realizaron en estos 22 ejemplares que llegaron a México y entre los que se encuentra un sistema circulatorio intacto, para lo cual se requirieron cerca de cinco mil horas de trabajo, sin contar el proceso de conservación, que dura dos meses.
El doctor Roy Glover, director médico de la misma, platica en exclusiva con CAMBIO. Comienza por asegurar que todos los cuerpos han sido obtenidos de manera legal y que durante el montaje han sido tratados de manera respetuosa, pues en esta ocasión el cuerpo es la estrella.
—Lo primero que me pregunté al ver esta exhibición fue, ¿es arte o es ciencia?
—La ciencia es un arte para quien lo mira detenidamente. Nosotros montamos esta exhibición con fines educativos y científicos. La gente cree que el cuerpo es hermoso y han dicho entonces que es algo artístico. Yo estoy de acuerdo con ellos, pero definitivamente no era ése nuestro objetivo.
—¿Hace cuanto que se diseño esta técnica?
—Esta técnica está disponible desde finales de la década de los setenta, pero es mejor ahora de lo que era entonces; ahora se puede hacer más con ella, y los especimenes pueden ser trabajados de una mejor manera.
–Entonces es relativamente nuevo.
–Si así es, hasta el momento sólo ha sido usada para la educación publica, durante los últimos 15 o 20 años, y sólo en escuelas públicas de los Estados Unidos. Ahora la tecnología está disponible, nosotros podemos preparar cuerpos para que la gente los estudie, y tenemos empresas dispuestas a invertir dinero para brindarle al público esta oportunidad de conocer el cuerpo humano. De que la gente se dé cuenta de lo maravilloso que es estar vivo, de que pueden aprender de su propio cuerpo y darse cuenta de lo que hay bajo su piel.
Milagro cotidiano
—¿Cuál es su concepción del cuerpo?
—Creo que es magnífico, nadie podría diseñar un cuerpo como el que tenemos. En lo personal tengo una relación profunda y espiritual con el cuerpo, pero eso es algo muy personal, que quizá no toda la gente puede tener. Entre más estudiamos el cuerpo, resulta más impresionante. Lo único que hemos descubierto es que todavía faltan muchas cosas por aprender.
—A principios del este siglo XXI ¿cree que la gente sabe lo suficiente acerca de su cuerpo?
—No, creo que conocemos muy poco acerca de nuestro cuerpo, la gente conoce sólo por lo que lee y muchas veces lo que lee es equivocado. Cuando veo que alguien escribe algo sobre el cuerpo en los periódicos o en las revistas no especializadas, me doy cuenta que por lo regular escriben cosas equivocadas, o bien que resultan demasiado confusas.
—¿Este tipo de exhibiciones pueden ayudar a la gente a tener en cuenta que deben cuidar mejor su cuerpo?
—Sí, porque yo creo que la posesión más valiosa que tenemos es nuestro propio cuerpo. Mucha gente gasta mucho tiempo lavando su carro, pero no le dedican el mismo tiempo a cuidar a su cuerpo, porque creen que es para siempre y que si se enferma ahí están los médicos para hacerse cargo y arreglarlo.
“Y eso es un error, los médicos no son Dios, hay cosas que los doctores no pueden arreglar. Sabemos que hay una gran cantidad de enfermedades que no podemos curar, por eso es mejor prevenir que suceda.
En los Estados Unidos los servicios de salud son realmente caros, un seguro de gastos médicos es en verdad caro. Esto ha sucedido porque mucha gente se enferma y esto eleva los costos. Un ejemplo: alguien que fuma, con toda certeza enfermará y terminará en un hospital y sale muy caro tratarse todos los problemas que ocasiona el cigarro, y tú y yo tendremos que pagar con nuestros impuestos su tratamiento. Sería mucho mejor si no tuviéramos que pagar por ello.”

0 comentarios:
Publicar un comentario